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martes, 23 de diciembre de 2008

Unos Minutos antes de Nochebuena

(NOTA: recomendado para leer en voz alta, en familia y con los amigos, alrededor del pesebre, cuando falten unos cinco minutos antes de las 12 de la noche).

María y José, son peregrinos en busca de posada y llegan hasta la puerta de los corazones y tocan en cada uno y en todos. Escuchen bien: “tun-tun”.

En algunas puertas no responden. Y el buen José muy preocupado le comenta a la dulcísima María: ¿Será que no hay nadie adentro? ¿Pero cómo es posible? Debería al menos responder el buen espíritu del dueño de este corazón. ¿Será que ya ha muerto? Y la buena María para tranquilizar al angustiado José, le dice: recemos por el buen espíritu de este corazón para que nuestro Padre celestial tenga piedad de él.

Prosiguen su camino y en otras puertas abren, pero al verlos, simplemente los rechazan y les tiran un portazo en la cara. Y el humilde José le dice a la sencilla María: ¿Será que esperaban a alguien más, otra gente y otras cosas, y se han molestado al ver que solo somos nosotros y el niño que quiere nacer? Quizá pensaron que veníamos a importunar y a molestar sus planes para esta noche. Y la preciosa María lo alienta a continuar, diciéndole: había muchas luces, pero aún así estaba muy oscuro, pidamos al Señor que les dé luz verdadera para que, en su espera y en lo que  buscan, puedan finalmente encontrar y recibir lo que es realmente importante.

Más adelante otros abren la puerta y dicen que su corazón es muy pequeño y pobre y que ya no tienen espacio ni nada que ofrecer. Y el justo José le comenta a la modesta María: esto es muy curioso porque estos corazones son iguales a todos los que hemos visto, pero sus dueños son muy apocados y no se dan cuenta que tienen tanto para ofrecer como los demás. Y la maternal María le dice a José: no te preocupes más, les dejé una de las dos alforjas que traíamos, así aprenderán que por muy pobre que seas, siempre tendrás para dar la mitad de lo que tienes.

Luego llegaron a una puerta que estaba abierta y había gente que entraba y salía. Había adentro mucha gente pero ninguno hablaba con otro, era como si cada quien estuviera solo y a nadie le importaba la vida del que tenía al lado. Y José exclamó, ¡ciertamente este es el lugar más frío de todos los que hemos visto esta noche! Estando tan cerca todos, guardan la distancia de la indiferencia y no se comprometen. Y la preciosa María le preguntó a José, ¿Te parece si les dejó mi manto para que sientan el calor que proviene de la humanidad verdadera? Y así lo hicieron y prosiguieron su camino.

Han llegado ya hasta la última puerta. Encima de la aldaba está tu nombre (NOTA: y señalando a cada uno dices: “y el tuyo”). Ya José y María están a punto de tocar ¿estás listo para responder? Lo único que necesitas para recibirlos es AMOR para dar. Permite que el Niño nazca en tu corazón. Si lo haces, lo reconocerás en el rostro de todos los que están a tu alrededor, ¡Míralos es el mismo rostro de Jesús! También debes buscarlo en el rostro de todos los que no vinieron hoy, en los que están lejos, incluso en los desconocidos que te cruzas en la calle, sobre todo en los más pequeños y en los que padecen necesidad.

El Niño ya está entre nosotros “Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes él se complace(Lc 2, 14). Él nos trae un presente, que es la buena noticia y promesa del Reino de los Cielos. Él solo nos pide un presente, que sigamos la senda de las bienaventuranzas hasta que lleguemos a esta felicidad que es plenitud de vida y de santidad.

Que Dios los bendiga a TODOS, ¡Feliz Navidad!

(NOTA: bendiga y abrace personalmente a todas las personas presentes; llame telefónicamente a quienes estén lejos).

 

Por Lorenzo D Sanjuán

2008

martes, 9 de diciembre de 2008

¿Creer en la Ciencia?...

Hace unos pocos días, desde su poderosa palestra en la prensa, un articulista hacía apología del ateísmo. Remataba proponiendo que, aquellos que querían creer en algo, se aferraran a la ciencia porque, según él, allí estaban a punto de encontrar todas las respuestas, es decir: la Verdad.



Su planteamiento se limita casi exclusivamente a la negación de Dios y a elevar la ciencia a la condición de religión. Ante tal oferta, como primera reacción, la prudencia para responder. ¿Creer en la Ciencia? ¿Pero qué es la ciencia? La ciencia (scientia) es esencialmente conocimiento. Pero no el conocimiento que tiene cualquier animal. Es conocimiento humano: sistematizado, razonado, probado metódicamente. Conocimiento que hemos alcanzado y acumulado solo gracias a nuestro nivel de Conciencia (conscientia). Esta última es una propiedad del espíritu que nos permite reconocernos a nosotros mismos y nuestra temporalidad, y nos ayuda a diferenciar el bien del mal. Si tenemos espíritu dejamos de ser solo materia. Y entonces nos damos cuenta que precisamente vivimos, no porque seamos materia sino porque tenemos espíritu.



¿Y de dónde viene este espíritu? ¿Acaso conocemos de algún logro científico en el que se haya sintetizado algún espíritu de laboratorio? La ciencia apenas puede explicar las nociones de la evolución. La ciencia no ha podido proporcionar una respuesta para explicar el origen de la vida, y no podrá hacerlo porque la respuesta no es científica.



Definitivamente somos las únicas criaturas de este mundo que, gracias a la conciencia que se nos ha dado, podemos llegar a conocer a Dios. Pudiera concordar con el referido articulista en un punto. Si alguno no cree en nada y necesita comenzar a creer en algo, puede dar un primer paso comenzando por la ciencia. Querer creer ya es, en sí mismo, vocación del espíritu. A diferencia del articulista, mi invitación es a que no se quede allí y continúe avanzando hasta encontrarse con Dios.

lunes, 24 de noviembre de 2008

Oración a Jesucristo Rey del Universo





¡Oh Cristo Jesús! Os reconozco por Rey universal.
Todo lo que ha sido hecho, ha sido creado para Vos.
Ejerced sobre mí todos vuestros derechos.

Renuevo mis promesas del Bautismo,
renunciando a Satanás, a sus pompas y a sus obras,
y prometo vivir como buen cristiano.

Y muy en particular
me comprometo a hacer triunfar,
según mis medios,
los derechos de Dios y de vuestra Iglesia.

¡Divino Corazón de Jesús!
Os ofrezco mis pobres acciones
para que todos los corazones
reconozcan vuestra Sagrada Realeza,
y que así el reinado de vuestra paz
se establezca en el Universo entero. Amén.

(Imagen: Tomada de portada de libro publicado por Editorial Testimonio. Oración: Autor anónimo)


Oración a Jesús Crucificado



(Soneto por Fray Miguel de Guevara O.S.A., antes de 1646. Pintura por Diego Velázquez, 1632) 


No me mueve, mi Dios, para quererte,

el cielo que me tienes prometido,

ni me mueve el infierno tan temido

para dejar por eso de ofenderte.

 

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte

clavado en una cruz y escarnecido, 

muéveme el ver tu cuerpo tan herido,  

muévenme tus afrentas y tu muerte.

 

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera, 

que aunque no hubiera cielo, yo te amara,

y aunque no hubiera infierno, te temiera.

 

No me tienes que dar porque te quiera,

porque aunque lo que espero no esperara,

lo mismo que te quiero te quisiera.

jueves, 23 de octubre de 2008

Oración de San Pablo a Dios Padre

Oración a Dios Padre, confeccionada por San Pablo Apóstol

(Cf. Ef 3, 14-21)

Padre Celestial, Dios Nuestro,
de quien procede toda paternidad en el cielo y en la tierra,
conforme a los tesoros de tu bondad,
concédenos que tu Espíritu nos fortalezca interiormente
y que Cristo habite por nuestra fe en nuestros corazones.

Y así, arraigados y cimentados en tu amor,
podamos comprender con todo el pueblo de Dios,
la anchura y la longitud, la altura y la profundidad del amor de Cristo,
y experimentemos ese amor que sobrepasa todo conocimiento humano,
para que así quedemos colmados con la plenitud misma de tu Ser.

A ti, que con tu poder actúas eficazmente en nosotros,
que puedes hacer infinitamente más de lo que le pedimos o entendemos,
te sea dada la gloria en la Iglesia y en Cristo Jesús,
por todas las edades y por todos los siglos.

Amén.

viernes, 3 de octubre de 2008

Palabras de Luz

Hoy comparto algunas citas en las que podemos profundizar el conocimiento sobre nosotros, sobre el por qué estamos aquí y qué nos aguarda más adelante, cuando termine nuestra estadía en este mundo. 

"Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, a su imagen lo creó, hombre y mujer los creó"[1]. "Y lo colmó de ciencia para distinguir el bien del mal"[2]. "Tiene dignidad de persona; no es solamente algo, si no alguien"[3]. "Esto es, naturaleza dotada de inteligencia y de libre albedrío"[4]. "Esta libertad se demuestra haciendo el bien, no el mal"[5].

"La persona humana, es a la vez cuerpo y alma"[6]. “Que mi alma viva para alabarte”[7]. “En Dios solo descansa el alma mía, de Él espero mi salvación”[8].

 “El pecado no dominará, porque estamos bajo la gracia de Dios”[9]. “Todos los preceptos que nos advierten sobre el pecado, se resumen en esta fórmula: Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente, y amarás a tu prójimo como a ti mismo”[10].

“Pon amor donde no hay amor y sacarás amor”[11]. “Cuando el amor haya alcanzado en nosotros su plenitud, tendremos confianza en el día del Juicio”[12].

 “En tu promesa, Dios, creo y confío. Esta es mi esperanza”[13]. “Tu harás nuevas todas las cosas y habitarás entre nosotros y ya no habrá más sufrimientos”[14].

Amén.



[1] Cf. Gn 1, 27

[2] Cf. Si 17, 6-7

[3] Cf. CIC 357

[4] Cf. Juan XXIII, Pacem in Terris, 9

[5] Cf. 1 Pe 2, 16-17

[6] Cf. CIC 362

[7] Cf. Sal 119 (118), 175

[8] Cf. Sal 62 (61), 2

[9] Cf. Rm 6, 14

[10] Cf. Jn 17, 21; Mt 22, 37-39

[11] San Juan de la Cruz

[12] Cf. 1 Jn 4, 17

[13] Cf. Jr 33, 14-16

[14] Cf. Ap 21, 1-4

lunes, 22 de septiembre de 2008

Oración para la lectura de la Divina Palabra

Señor ilumíname y concédeme entendimiento, para que en esta lectura pueda yo aprovechar el contenido y la sustancia de tu Palabra y pueda hacerla parte de mi vida, para que guíe cada paso que doy en este camino que con tu gracia he elegido libremente y con tu favor debe conducirme hasta a ti.

Que tu palabra sea semilla que germine en mi corazón y crezca como planta frondosa, produciendo fruto abundante, agradable a ti, del que puedan comer todos los que se acercan.

Amén.


sábado, 23 de agosto de 2008

Oración a Dios Padre

Pido licencia a Nuestro Señor Jesucristo, para compartir estas reflexiones sobre la oración que El nos enseñó, para rezar al Padre:

Padre…

Gracias a tu Hijo también eres nuestro. Colectivamente. Simultáneamente. A ti debemos procurar llegar todos, o no llegaremos. Tu plan es que aprendamos a ser Uno, así como era antes del principio y será nuevamente después del final.

Celestial…

Miramos a las alturas cuando pensamos en ti. Miramos allí también para encontrar tu paz. A ese lugar por encima de todo. Por encima de nosotros. Como en una atalaya, desde donde puedes verlo todo. Como buen Pastor, desde allí nos ves y nos escuchas a todos.

Santificado…

Eres eterno. Eres único. Eres el que eres. Porque eres Dios no necesitas nombre. Eres la fuente y el origen de todo. Creador. Todo proviene de ti. Te debemos el Ser. Te debemos todo. Por pura justicia a esto mereces nuestro amor y gratitud. Mereces ser el primero en nuestros corazones y mentes.

Ven…

Tu Reino. Que sean nuestros corazones y mentes, ese lugar de todas las cosas y personas sujetas a ti, que eres el Rey verdadero. Contemplemos y sigamos el ejemplo de la máxima y más perfecta manifestación de tu Reino entre los hombres. Tu Hijo. Somos parte de su cuerpo místico, que es uno, santo, universal y fundado en los santos apóstoles.

Realízanos…

Te decimos Señor, hágase en nosotros tu voluntad. Permítenos ser, mejor que tus súbditos, tus siervos y tus instrumentos, para contribuir en la realización plena de tu plan, que tienes preparado para nosotros acá en la tierra.

Aliméntanos…

Te damos gracias por el pan que recibimos para el cuerpo y para la mente. Te agradecemos mucho más por el pan de vida. Pan para el espíritu que recibimos a través de la oración diaria. Conformes estamos en recibir solo nuestra ración de hoy. En ti confiamos para recibir lo que nos corresponda cada día.

Perdónanos…

Somos infieles contigo. Somos pecadores. Somos humanos. Te fallamos. Te faltamos. Avanzamos muy poco, porque a cada instante nos caemos. Ayúdanos a levantarnos y hacernos conscientes de que solo podemos pedirte lo mismo que podemos dar. Ayúdanos a perdonar. Ayúdanos a ser perdonados.

Sujétanos…

Aparta de nosotros todo lo que nos aleja de ti. Sálvanos de esta idolatría en la que nos perdemos.

Líbranos…

Apártanos del mal camino. Aléjanos del maligno. Concédenos morir en tu gracia.

Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

(NOTA: muchas de las reflexiones aquí condensadas están contenidas en el Catecismo [CIC 2759; 2854] y en el libro de S.S. Benedicto XVI, Jesús de Nazaret [capítulo 5, La oración del Señor]).

lunes, 21 de julio de 2008

Agradecimiento a Santa María Virgen


Gracias te doy,
Madre Inmaculada,
por haber aceptado humildemente,
como sierva de nuestro Padre Celestial,
su voluntad cuando te fue anunciada por el Ángel Gabriel,
permitiendo de este modo que Jesús Cristo,
por obra y gracia del Espíritu Santo,
se hiciera carne en ti, para traernos redención y salvación.

sábado, 5 de julio de 2008

Oración Diaria

Dios, tu eres mi luz, mi roca, mi hogar, mi fortaleza, mi refugio y mi esperanza. Eres todo para mí.

Te doy gracias por tu sacrificio, que es nuestra redención y salvación. Por la creación, por la vida, por la familia y los amigos, por los dones y el trabajo, por los alimentos, el vestido y la vivienda. Te doy gracias por todo, porque sé que todo proviene de ti.

Te pido perdón por mis debilidades y mis pecados, por mi lengua, mi temperamento y mi falta de paciencia. Por no dar todo el amor que puedo dar.

Señor ilumíname y dame fuerzas, para hacer tu voluntad y cumplir la misión que tu me asignes.

Señor mío y Dios mío, te ruego por todos los hambrientos y sedientos de este mundo, por todos aquellos que sufren persecución y prisión injustamente, por todos aquellos que lloran la pérdida de algún ser querido, por quienes han perdido alguna capacidad, por quienes han perdido la salud gravemente, por todos aquellos que debido al egoísmo del hombre han sido apartados, maltratados y desterrados. Señor te pido para que todos estos, tus pequeños, sean los primeros en recibir tu socorro, tu consuelo y tu misericordia.

Señor, se que es tu voluntad que seamos humildes, misericordiosos y desprendidos. Este es el ejemplo que nos diste por medio de tu hijo Jesucristo. Ayúdanos a ser como Él, a imitarle en sus virtudes y a seguir su camino para encontrarnos contigo. Somos tus siervos, conviértenos en tus instrumentos para llevar socorro y consuelo a aquellos que lo necesitan.

Señor ilumíname y dame fuerzas, para hacer tu voluntad y cumplir la misión que tu me asignes.

Señor te pido por todos aquellos que están distanciados por el orgullo, rodeados por murallas de soberbia, por aquellos hijos que no honran a sus padres y por aquellos padres que no abrazan a sus hijos, para que sus corazones se llenen de tu misericordia, para que descubran tu humildad, para que sean magnánimos y den el primer paso hacia la reconciliación y para que sean fuertes al dar y recibir perdón.

Señor te pido por todos aquellos que tienen duda o miedo en sus corazones, que no van a misa todos los domingos, que no se confiesan periódicamente y que no comulgan al menos una vez al año, para que se conviertan y sus corazones y sus mentes queden limpios de toda duda y soberbia y participen del sacramento de la reconciliación y de la eucaristía.

Señor te pido por todos aquellos que quieren una iglesia a su medida. Te pido por su conversión, para que te busquen, te encuentren, reconozcan, te conozcan y te amen. Para que abracen con fervor la fe de nuestra santa madre iglesia.

Señor te doy gracias por mis hijos, mis ahijados, mis sobrinos y por todos los niños y jóvenes del mundo, para que todos ellos crezcan como buenos cristianos y fuertes de espíritu. Para que permanezcan en tu rebaño, para que caminen siempre por el camino del bueno, para que rechacen todas las tentaciones y superen con éxito las amenazas de este mundo. Para que sean hombres y mujeres de bien, dedicados a ti Señor, a nuestra iglesia, a la comunidad y a la familia. Para que reciban y agradezcan los dones que tu nos das y los aprovechen para el desarrollo de sus talentos y potencialidades y den buen fruto agradable a ti Señor.

Señor te pido por las vocaciones sacerdotales y las vocaciones religiosas, consagradas a nuestra santa madre iglesia, para que nazcan, crezcan y perseveren. Te pido por las oraciones, intenciones y obras de todas las asociaciones católicas. También te pido por el Papa y sus intenciones, por todos los Obispos distribuidos en el mundo, por el clero en Venezuela y por el presbítero de mi parroquia, para que todos ellos sean personas santas y perseveren en la Fe.

Señor te pido por todos los gobernantes del mundo, muy particularmente por el presidente de mi país y por su equipo de gobierno, a quienes he adoptado en mis oraciones. Te pido por la conversión de todos estos gobernantes, para que te busquen, te encuentren, te reconozcan, te conozcan y te amen. Para que abracen con fervor la fe de nuestra santa madre iglesia. Para que respeten la dignidad de los pueblos que los han elegido. Para que entiendan que ser gobernante no es ser dueño, sino administrador que debe responder al único dueño de toda la creación, que eres tu Padre Celestial, Dios Nuestro.

Señor te pido para que cada día seamos más y mejores cristianos, y para que perseveremos en nuestra vocación de santidad.

Señor lleva todas las almas al cielo, especialmente las más necesitadas de tu misericordia; es decir, aquellas almas que ya pagan sus culpas en el purgatorio.

Señor, yo sé que aún no soy digno de ti, ni de tu sacrificio, que es nuestra redención y salvación, pero también sé que solo tú me ayudas a perseverar para mantenerme y continuar en este camino que con tu gracia he elegido libremente y que con tu favor debe conducirme hasta ti, hasta que llegue ese día y ese momento en el que pueda contemplar, por primera vez y para siempre, la luz de tu rostro. Así lo creo y así lo espero. Dame luz y fuerzas. Para hacer tu voluntad y cumplir la misión que tu me asignes. Te lo pido por Jesucristo Nuestro Señor.

Amén.

sábado, 21 de junio de 2008

Siete Veces Nacemos

Introducción

Existe una correlación entre nuestra existencia y la del universo, un paralelismo entre nuestra vida y la historia. Hay siete momentos de nacimiento, siete portales que cruzamos hasta que llegamos a quedar expuestos en nuestro verdadero ser.

1. Nacimiento del Universo: el “big bang”

En la creación del Universo fuimos salvados de no ser. Se especula que en el momento del “big bang” había una o varias singularidades, átomos primigenios a partir de los cuales se formó la primera materia. Todo el universo estaba concentrado en unas cuantas partículas tan pequeñas como granos de mostaza. Y al expandirse, de esta materia inicial se originó, con la ayuda de las primeras estrellas, toda la materia que conocemos hoy. De allí que haya significado válido en aquella frase que dice que “estamos hechos de polvo de estrellas”.

Nuestro primer nacimiento proviene del origen de la materia. La asimilamos cuando ingerimos alimentos. Esta materia alimenticia es usada en nuestro cuerpo para la formación de todas las células. De allí que tenga sentido la frase que dice “eres lo que comes”. Nuestros padres conformaron de este modo, cada uno por su parte, las dos células que se encontrarían más adelante para la concepción de la primera y única célula que luego seríamos cada uno de nosotros.

2. Nacimiento de la Vida: el soplo de vida a la primera célula

Los elementos de la materia fueron combinados y recibieron el soplo de vida. El primer ente vivo que fue creado era una célula. Y de ésta primera, por división celular, se formaron otras. La vida de la primera fue compartida con sus hijas. Es así como este soplo inicial de vida ha llegado hasta nuestros días. Es el mismo soplo original de vida, ahora esparcido en todas las criaturas vivas de este mundo.

La célula que cada uno de nuestros padres aporta para nuestra concepción trae vida. Dos células se combinan para conformar nuestra primera célula. Dos velas encendidas encienden una nueva vela. La llama de estas velas proviene de la llama original. Ahora somos un ser que, además de la materia del universo, tiene vida.

Ni pensar que estas dos células, materna y paterna, que nos originaron, pudieron haberse perdido. La alternativa era no existir, para no estar en la memoria de nadie. Nuevamente fuimos salvados de no ser.

3. Nacimiento del hombre: el Adán evolutivo, aparición del homo-sapiens

Desde la célula original transcurren millones de años. Algunas criaturas surgen y desaparecen. Llega el momento de los primates hasta que el animal se hizo hombre. Y devino en Adán evolutivo. Pensante, “sabio” dirán algunos, consciente de sí mismo y de la Ley de la Naturaleza. Discerniendo entre lo bueno y lo malo.

Similarmente, nuestra primera célula, concebida en la unión de nuestros padres, se divide y multiplica. Las subsiguientes se especializan para desarrollar a una personita; completa en el potencial que nos corresponde según los dones que nos serán concedidos. Y llegamos al momento del alumbramiento, que es generalmente el único nacimiento que reconocemos, aunque ya es la tercera vez que lo hacemos y lo haremos hasta siete veces.

Nuestra inteligencia innata nos permite rápidamente reconocer lo bueno de lo malo. Por ensayo y error vamos probando cosas y lo que nos gusta nos parece bueno, mientras lo que no nos gusta, nos parece malo. Tomará algún tiempo más aprender a compartir con los demás y hacer a los demás lo que nos parece bueno para nosotros.

4. Nacimiento de la Esperanza: conciencia de la existencia de DIOS

Desde muy temprano en la historia de la humanidad, el hombre pensante se hizo consciente de la existencia de DIOS PADRE, de quien todo proviene.

Nuestra primera noción personal e individual de DIOS ocurre cuando reconocemos a nuestra madre entre todas las mujeres. Nuestra madre es única, aún si fuera el caso que ella no nos haya parido. Nos damos cuenta que de ella recibimos todo lo que nos parece bueno (incluso la medicina, aún cuando al principio no nos guste). Y esa mujer es nuestra madre por don de DIOS. La autoridad de ella sobre nosotros, proviene de DIOS. Es ella quien nos enseñará a rezar y nos encomendará al ángel de nuestra guarda.

Saber que DIOS existe nos hace nacer en la esperanza, que necesitaremos a lo largo de toda nuestra vida, para superar con ella todas las dificultades que enfrentaremos.

5. Nacimiento del agua y del espíritu: ingreso al Reino de DIOS, salvados por CRISTO

Luego de varias alianzas, incumplidas y traicionadas por los hombres, DIOS nuestro Señor nos envía a su Hijo. DIOS hecho Hombre nos enseña con su ejemplo el camino para ser santos. Con su sacrificio sella la nueva alianza, ahora universal para que llegue a todos los pueblos. En esta nueva alianza EL es el Rey eterno y el Juez. Con su resurrección queda manifiesta la Gloria del Padre, vence a la muerte y nos confirma la promesa que es nuestra esperanza: El juicio, para resplandecer de plena justicia, abarcará a los vivos y a los muertos, para así revocar el sufrimiento de todas las épocas (cf Spe Salvi, párrafo 42). Y entre las instrucciones que les da CRISTO resucitado a los apóstoles está “Vayan, pues, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos. Bautícenlos en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (cf Mt 28:19).

Cuando somos bautizados nacemos a nuestra vida cristiana, nos convertimos en discípulos de JESUS. En este sacramento que es puerta a todos los demás sacramentos de nuestra iglesia (cf Catecismo 1213), recibimos dones del espíritu santo para procurar la unión de nuestra Iglesia, para llevar el Evangelio a los demás y para servir de vínculo con nuestro Señor.

6. Llamado a la vida de vocación de santidad

A cada quien llega el llamado de nuestro Señor solo cuando estamos preparados para recibirlo y listos para comprender mejor nuestra misión en este mundo.

JESUS, siendo Hijo de DIOS y un Hombre Santo, inició su vida pública cuando ya había alcanzado los 30 años de edad.

La historia nos da ejemplos de hombres y mujeres que alcanzaron la santidad. A Pablo de Tarso (luego San Pablo Apóstol), el llamado de nuestro Señor y la conversión le llegó camino a Damasco, persiguiendo cristianos, cuando tenía unos 26 años de edad. A Agustín de Hipona (luego San Agustín y Doctor de la Iglesia), la conversión llegó cuando ya rondaba los 32 años de edad, luego de haber sido un reconocido filosofo de la corriente escéptica. A Ignacio de Loyola (luego San Ignacio de Loyola, fundador y primer General de la Orden de la Compañía de Jesús), el llamado le llegó cuando contaba unos 31 años de edad, luego de haber sido un combativo militar del ejército castellano durante la guerra de las comunidades de castilla (península ibérica, década del 1520).

A otros, el llamado de nuestro Señor nos llega más tarde. Roguemos a DIOS para que nos llegué alguna vez antes de dejar este mundo.

La vocación de santidad puede traducirse como la inspiración y el obrar para ser dignos del sacrificio de CRISTO y de nuestra salvación. Se trata de ser leales y consecuentes a la Alianza con DIOS. Es procurar hacer solo aquello que entendemos que es agradable a DIOS y rechazar todo lo que nos aleja de EL.

Este llamado es también un nacimiento porque se cae la venda que te cubre los ojos. Ahora puedes ver a DIOS en toda la Creación (muy especialmente en los seres vivos). Sientes toda la dimensión de la justicia al colocarlo a EL primero que todo y por encima de todo. Tu corazón bulle de caridad y está lleno de inspiración para ayudar a otros a descubrir este mismo sentimiento.

7. Resurrección a la vida eterna: Don de nuestra FE

Por la vivencia testimonial de CRISTO tenemos conocimiento de lo que es la resurrección. Es existencia en cuerpo y espíritu. “Tóquenme y fíjense bien que un espíritu no tiene carne ni huesos, como ustedes ven que yo tengo” (cf Lc 24:39). Pero el cuerpo del resucitado es un cuerpo nuevo y no el mismo que fue sepultado. “Hay cuerpos celestiales y cuerpos terrenales” (cf I Co 15:40).

Confiamos en que esta resurrección ocurrirá al final de los tiempos. “Yo lo resucitaré el último día” (cf Jn 6:54). Porque la resurrección es necesaria para que la justicia sea plena en el día del juicio final (cf Ap 20:11-13).

Y aquellos que por su FE y sus obras sean juzgados como buenos, vivirán para siempre. “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá. El que vive, el que cree en mí, no morirá para siempre” (cf Jn 11:25-26).

Y ¿qué es la vida eterna? Ciertamente no es prolongar nuestra vida actual indefinidamente (cf Spe Salvi 10-12). Es algo que, aunque lo esperamos, no sabemos cómo es. Podemos pensar que es un encuentro que es atemporal, sin antes ni después. “Volveré a verlos y se alegrará su corazón y nadie les quitará su alegría” (cf Jn 16:22). Y todos los resucitados llamados a la vida eterna habitarán en el reino de DIOS, que no corresponde a ningún reino que pueda construir el hombre en este mundo que nosotros conocemos. “Mi Reino no es de este mundo” (cf Jn 18-36). Conocemos de la Ascensión de nuestro Señor (cf Lc 24:51) y de la Asunción de la Virgen María; otros también, como Moisés y Elías, fueron y serán llevados en cuerpo y espíritu por nuestro Señor a su Reino.

Pero para poder nacer de esta forma nueva, incorruptible y definitiva, tenemos que hacer los méritos y aguardar a que llegue el momento para descubrirlo por nosotros mismos. Creamos, oremos y obremos, para que nuestro Señor Jesucristo se apiade de nosotros, perdone nuestros pecados, nos libre del fuego del infierno y nos lleve al Cielo.

martes, 27 de mayo de 2008

Quiero Ser Santo

Otra tarde, los mismos amigos de siempre, reunidos una vez más para tocar base. Al rato de conversar, uno de los amigos le dice al otro:

- Quiero confiarte que muy poco a poco me he dado cuenta de que quiero ser santo.
- ¿Y cómo es eso? ¿Te vas a meter a cura? ¿Y qué vas a hacer con la señora y los hijos?
- Tranquilo vale, no es necesario ser cura para poder ser santo. Querer ser santo no es exclusivo de los sacerdotes y las religiosas. Todos nosotros podemos aspirar a serlo y trabajar para lograrlo.
- Pero, ¿De qué se trata? ¿De recibir veneración, hacer milagros, aparecer en las estampitas y que te prendan velitas?
- Tampoco. Mi aspiración no es esa. Lo que describes corresponde a una interpretación muy acartonada de la santidad. En verdad, se trata de poder alcanzar el más alto nivel de dignidad al que podemos aspirar como seres humanos. Es la pura búsqueda de ser supremamente mejores de lo que ahora somos, hasta poder merecer haber sido salvados.
- Pero amigo, eso debe ser bien difícil. ¿Qué hace falta para que uno pueda llegar a ser santo?
- Esa es la pregunta correcta. Aunque no podemos racionalizar este asunto como si se tratara de una receta, Santo Tomás de Aquino nos da algunas pistas. El Doctor Angélico sugiere la adquisición y observación de tres conocimientos: primero sobre lo que debemos creer, luego sobre lo que debemos desear y finalmente sobre lo que debemos hacer. Estos tres conocimientos corresponden a la Fe, a la Oración y a los Mandamientos.
- Uf! Ya me la pusiste difícil. Yo soy católico y algunas veces rezo, pero lo de los mandamientos…
- Bueno, que seas católico no implica automáticamente que tengas Fe.
- ¿Cómo que no? A ver: Tengo bautismo, primera comunión, confirmación, reconciliación y matrimonio. ¿Qué más quieres?
- Te entiendo. Mucha gente ha recibido todos estos sacramentos y también son católicos, como tú y como yo, pero ¿realmente creen en DIOS? Creer en DIOS significa que lo aceptamos como el creador original de todo y que, si realmente nos empeñamos, también podemos reconocerlo en todo lo que nos rodea, pero muy particularmente en la vida. ¿Te das cuenta de que solo DIOS puede dar vida?
- Así lo creo. De nuestro encuentro anterior recuerdo la relación que revisamos entre vida, espíritu y DIOS. Pero amigo, algunas veces siento que DIOS y yo estamos tan lejos el uno del otro, es casi como si estuvieramos en mundos separados.
- Precisamente. De allí la importancia de la comunicación a través de la oración. ¿Recuerdas cuando estábamos en la universidad, lejos de casa? Llamabas a tu viejita todos los días y le contabas todo lo que te pasaba, lo bueno y lo malo. Le hablabas de lo que necesitabas y también le decías cuanto la querías y la falta que te hacía estar con ella. Así sentías que estabas muy cerca y aguantabas todo lo que tenías que aguantar. ¿Por qué no hacer lo mismo diariamente con DIOS? ¿Por qué no conversamos con ÉL para sentirnos cercanos y recibir su inspiración?
- Ciertamente. Pero, ¿Cómo hacemos con todas las tentaciones que nos rodean? ¿Cómo hacemos para no caer en el pecado?
- Bueno amigo, primero debo aclararte que aún no soy santo y que, de este asunto del pecado, yo tampoco me escapo. Sin embargo, me he estado preguntado por qué pecamos y he conseguido algunas respuestas. ¿Recuerdas aquella vez que te dije que la mente humana era prodigiosa?
- Claro vale, hablábamos de la capacidad de inventar y de descubrir. ¿Pero qué has averiguado? ¿Por qué pecamos?
- Bueno. En parte estaba equivocado respecto a la mente. Es cierto que la mente humana ha inventado y descubierto cosas prodigiosas, pero ahora pienso que es precisamente la mente nuestro punto más vulnerable, que de suyo ya es grave, debido a que es ella la que gobierna al cuerpo. Resulta que en su nivel más primitivo, la mente trabaja con base en las percepciones. Es a través de los sentidos que la mente ve y toca. Hecho esto, razona y se dice: creo. Y si no ve ni toca, concluye: no creo. Si el ser humano solo cree en lo que puede ver, llega a sobrevalorarse hasta envanecerse de sí mismo y olvidarse de DIOS. Pero como San Agustín nos refiere, los pensamientos y los afectos, ni se ven ni se tocan, pero aún así existen. Y agrego yo, tantas cosas que antes no veíamos, como las partículas subatómicas y las galaxias lejanas, ahora podemos comprobar que siempre han existido aunque antes no las creyéramos posibles.
- Pero hablas de una mente primitiva que es incapaz de creer, llena de supersticiones, que solo puede adorar aquello que quiere poseer. Por el contrario, una mente consciente de la inmensa complejidad del universo termina encontrando a DIOS para poder resolver la ecuación del principio y el fin de todo.
- Exactamente. Pero no acaba ahí. La estimulación de nuestros sentidos desata corrientes bioquímicas en nuestro cerebro basadas en las endorfinas, también en la serotonina y la dopamina, alterando nuestras sensaciones y produciendo bolsones de euforia y placer. Este placer, que no es malo en sí mismo, puede degenerar en una combinación de insatisfacción y hábito. Así, el que tiene algo, quiere más, incluso a expensas de los demás, sin poder saciarse.
- Vaya, vaya. En el mismo fondo del escaparate de nuestras mentes yace el pecado. Claro está, hablamos de algo que es desorden y descontrol.
- Así es. De allí que las virtudes cardinales sean prudencia, fortaleza, justicia y templanza. Si le sumas la humildad, así como las virtudes teologales de fe, esperanza y caridad, resumes el perfil de conducta de la persona santa.
- ¿Sabes qué? Después de esta conversación veo que la vocación de santidad es un asunto de claridad y disciplina.
- De acuerdo. Yo le agregaría que también es de perseverancia, porque no somos infalibles y debemos anticipar que nos vamos a caer. Pero lo importante es volver a levantarnos y que prosigamos el camino que nos hemos trazado, hasta que llegue ese día en que podamos contemplar la luz del rostro de nuestro SEÑOR.

lunes, 19 de mayo de 2008

La Alianza

Así como todo Padre responsable engendra para que su descendencia continúe y supere sus obras, DIOS, que es el modelo de este Padre, creó al hombre para ejercer autoridad sobre su obra. Así como el hijo bueno reconoce a su Padre, que le ha engendrado, el hombre bueno reconoce a DIOS, que le ha creado.

El hombre ha evolucionado desde la animalidad hasta la humanidad. Pero DIOS quiere que lleguemos aún más lejos. Quiere que seamos santos para que nuestro gobierno del mundo esté lleno de virtud. Este es el signo de nuestra salvación, que además de ser salvación de nuestro espíritu, también lo sería de nuestro mundo.

La Ley Natural, basada en el conocimiento del bien y del mal, aunque evidente para el entendimiento del primer ser al que podemos reconocer como hombre, no fue suficiente para superar nuestra concupiscencia, que es el apetito desordenado de nuestro cuerpo y nuestra mente por el placer que nos hace egoístas. Por eso DIOS nos dio el Decálogo.

Sin embargo, el hombre tiende a olvidar a DIOS, a su promesa y a su Ley. Por eso DIOS nos dio a su HIJO como modelo y camino para alcanzar la Santidad.

El HIJO de DIOS, redentor de toda la humanidad, es testimonio del cumplimiento de la Ley en los términos mucho más sencillos del Amor. Primero como un Amor de Justicia, que es amar a DIOS, nuestro Creador, por encima de todas las cosas. Y luego como un Amor de Caridad, que es amar a todos los demás como a ti mismo.

La alianza, renovada y eterna, expuesta en estos términos es más fácil de comprender y cumplir. Si perseveramos en la justicia y la caridad, seremos santos y nos salvaremos.

sábado, 10 de mayo de 2008

El Espíritu

El alma fue descrita por San Agustín como la substancia inmortal del ser. De su descripción del alma, hoy podemos reconocer separadamente a la mente y al espíritu. A la mente la discernimos en este concepto porque reiteradamente San Agustín se refería en su ensayo al razonamiento y a la ciencia. Al espíritu lo inferimos cuando él habla de vida y eternidad. Así como la claridad viene de la luz, la vida viene del espíritu. No hay claridad sin luz, ni luz sin claridad; la luz es la misma esencia de la claridad. De este modo el espíritu es la misma esencia de la vida, y por esto es inmortal.

Conoces la teoría celular. Todo en los seres vivos está formado por células y todas las células proceden de células pre-existentes. La primera célula, hecha a partir de la materia del universo, recibió la vida por el espíritu que procede del PADRE. La materia vive por el espíritu. La materia es cosa muerta cuando no tiene el espíritu.

Aunque el espíritu vive eternamente, no ocurre lo mismo con el cuerpo del ser que acoge al espíritu. La materia, de la que también están hechos los seres vivos, está en continua transformación. Cuando producto de estas transformaciones, o como consecuencia de la interrelación con su entorno, el cuerpo del ser pierde su equilibrio homeostático, sobreviene la enfermedad y la muerte de éste. En cualquier caso, la materia de la que está hecho no se destruye y será reciclada. Cuando esto ocurre, el espíritu, que proviene de DIOS, regresa a DIOS.

Por otra parte, la mente es un conjunto de funciones desarrolladas en un órgano del cuerpo. Por esto, la mente en sí misma no es inmortal. Hoy sabemos que estas funciones son producto de intercambios químicos y energéticos que ocurren en células especializadas. Algunas de las funciones más evidentes de la mente son el razonamiento, la percepción, la memoria, la imaginación, la voluntad y la emoción. Algunas de estas funciones están mucho más desarrolladas en algunos seres que en otros. Así algunos tienen grandes poderes de percepción, a través de los sentidos de la vista, el olfato y el oído. Otros tienen una gran memoria. Al ser humano le ha correspondido un notable desarrollo del razonamiento y de la imaginación. Todas estas funciones son dones de DIOS. Son diferentes en cada ser debido a que DIOS, en su maravilloso diseño, ha preferido la diversidad para que seamos interdependientes y para que, de este misterioso modo, procuremos llegar a ser UNO.

Pero retomemos nuevamente la descripción del alma que hizo San Agustín. En el concepto del alma él integraba la mente y el espíritu. Son substancias de muy distinta naturaleza: material e inmaterial; mortal e inmortal; herramienta e inspiración; don y donante. Un par que parece muy distinto, por lo tanto amalgama. La mente gobierna al cuerpo y lucha contra el espíritu por la supremacía del ser. Esta lucha puede prolongase toda una vida. Si la mente se hincha con el razonamiento empapado de soberbia, entonces negará la existencia del espíritu y sólo producirá ideas materialistas y de auto indulgencia. Si en lugar de lucha es debate, que lleva al estudio y conocimiento de la palabra, así como a la obra que nace de la FE, entonces no habrá ni vencidos ni vencedores, si no alianza y salvación.

Ten presente que ese espíritu que hoy te da vida, regresará un día a DIOS y dará cuenta de tus acciones. Solo DIOS es verdadero, todo lo demás es una ilusión.

lunes, 28 de abril de 2008

Manifiesto de FE

Mucho antes de que DIOS TODOPODEROSO hiciera verdad el principio y la historia, primero la prefiguró y se vio a sí mismo como PADRE, como HIJO y como ESPÍRITU SANTO.

Como PADRE , DIOS manifiesta su OMNIPOTENCIA como CREADOR de todas las cosas del universo, visibles e invisibles. Como PADRE causa, mientras engendra y crea. Miremos a nuestro alrededor y reconoceremos que todas las cosas han sido causadas por alguien y por algo. El primero, que causo todo y no fue causado, es DIOS.

Como HIJO, DIOS anticipa la necesidad de encarnarse y ser HOMBRE para salvar a la humanidad a través de una alianza eterna sellada con la muerte sacrificial de la carne y su resurrección. Así será REY hasta el fin de los tiempos y será JUEZ de todas las almas. HIJO significa ser engendrado por el PADRE, para ser de su misma naturaleza.

Como ESPIRITU SANTO, DIOS se hace SEÑOR de la VIDA, lo que significa que todo lo que vive procede de ÉL. También prevé DIOS que de este modo será la LENGUA de los Profetas para darnos su palabra a través de ellos. Y en su inefable sabiduría DIOS decidió que su ESPIRITU SANTO sea como un aliento que procede del PADRE y DEL HIJO para insuflar a las criaturas que se llenarán de vida verdadera y eterna.

Pero quiso DIOS, en su poder infinito, que el PADRE y el HIJO y el ESPÍRITU SANTO, más que roles fueran personas y que, más que partes incompletas, cada persona fuera completa y discernible para sus criaturas, en la medida en que por su intermedio se nos fuera revelando. Llegará el día en que lo entendamos y dejará de ser un misterio. Ese día estaremos en la presencia del ÚNICO DIOS y, al mismo tiempo, de las tres personas a través de las cuales ÉL se manifiesta.

De esto que aquí escribo, convencido estoy sin haber visto ni tocado. La FE hace que mi entendimiento llegue lejos, empero me lleva aún mucho más lejos.

La FE no es inerte. El signo de la FE implica responsabilidad que es fidelidad. Debemos ser consecuentes con la FE que profesamos. Si uno se dice a sí mismo “creo en DIOS”, tiene que moverse por lo que eso significa. Ayuda partir del conocimiento de lo que es realmente importante para que esa fidelidad y esa relación, prosperen, perseveren y alcancen su fin.

DIOS es lo único que es verdadero, todo lo demás es una ilusión. Aquellos que comprenden y viven esto, viven de verdad y para siempre. Todo el que tiene FE y se mantiene fiel, llegará a alcanzar esta vida, que no es vida del cuerpo si no del espíritu en comunión con DIOS.

sábado, 22 de marzo de 2008

El reto de religar el ser

Una tarde cualquiera dos amigos se reunieron una vez más para conversar de esto y aquello. Ambos en la medianía de la edad. Uno de ellos más científico y el otro más humanista. Se saludaron como siempre, preguntando por la familia y reconociéndose los cambios ocurridos desde su reunión anterior. Conversaron un breve rato sobre el país y los pronósticos. Cuando este tema ya declinaba, uno de ellos pregunto al otro:

– ¿Qué somos?.
– El amigo, sorprendido, atinó a decir - ¿Pero qué pregunta es esa? - e inmediantamente, siguiendo la corriente, respondió - cada uno de nosotros es, individualmente, un ser.
– Pero, ¿Cómo lo sabemos?.
– Bueno, cuando menos hay un cuerpo para probarlo y la mente en la que discurren estas ideas.
– ¿Y eso es todo?.
– Okey. Los estudiosos de la mente afirman que hay dos niveles, uno racional y otro emocional. En lo racional podemos calcular, deducir, resolver, diseñar y, en general, funcionar en nuestro mundo material. En lo emocional somos sensibles ante lo que nos rodea, bueno o malo, bello o feo. Nuestras respuestas y acciones resultan de nuestros razonamientos y emociones, pero también de lo que pueda hacer el cuerpo.
– Bueno, pero según lo dicho hasta ahora seguimos siendo cuerpo y mente, solo que ahora detallado como cuerpo, razón y emoción. Al fin de cuentas solo materia y energía. Para el cuerpo no hay que explicar mucho. Están allí la carne, los huesos y los fluidos, palpables, para probarlo. En cuanto a la mente ha sido más difícil, pero igual se ha demostrado que esencialmente es química y electricidad. Si solo somos materia y energía, entonces de algún modo hemos existido desde el principio porque, según sabemos, ni la materia ni la energía se crean o destruyen, solo se transforman.
– Es así, estamos hechos de una sustancia que se ha recombinado innumerables veces. Llega a ti cuando ingieres alimentos y cuando respiras. Vuelves a entregarla completamente cuando mueres.
– Pero quiero insistir ¿es eso todo?, ¿es nuestro ser simplemente materia y energía?.
– Ya creo saber por dónde va esta conversación, pero primero establezcamos algo: nuestra mente muchas veces nos parece prodigiosa cuando es capaz de crear o descubrir cosas que son, por decir lo menos, asombrosas.
– Pero también debemos decir que nuestra mente aún tiene grandes limitaciones que, por una parte, son nuestras propias taras y, por otra, nuestra incomprensión de aún bastante de lo que nos rodea.
– De acuerdo, pero regresando a tu inquietud, debemos decir que está bastante extendida la idea de que nuestro ser, además de cuerpo y mente, es decir, además de materia y energía, es también espíritu. La aclaratoria que hacía hace breves instantes es para orientar nuestra disertación e intentar establecer si somos capaces de determinar si el espíritu es una creación de nuestra mente o, por el contrario, un descubrimiento.
– Claro, pero también debe establecerse un margen para la duda razonable; ¿contamos ya con todos los elementos para afirmar contundentemente que se trata de una cosa u otra?; si no podemos dar una respuesta aún, estaríamos ante un misterio, algo que no podemos explicar todavía.
– Puede ser, pero para progresar en nuestro discurso debemos proponernos un método que podamos aceptar ahora, para luego facilitar la aceptación de los resultados y conclusiones. Digamos, por una parte, que para que algo pueda llamarse descubrimiento tiene necesariamente que haber existido antes que fuera conocido por nosotros y que hemos llegado a descubrirle gracias a que observamos indicios o manifestaciones que, una vez exploradas, dieron como resultado tal descubrimiento. De este modo hemos descubierto los continentes, los astros, otros seres, los elementos, la radiación y todo aquello que hoy forma parte de nuestro conocimiento.
– Vale, puedo estar de acuerdo con esta definición.
– Bien, de modo similar podemos decir que un invento es todo aquello, previamente inexistente y desconocido, que construimos nosotros a partir de lo que conocemos para poder dar respuesta a nuestras propias necesidades. En esta definición caben los medios de locomoción, los medios de comunicación, la medicina, la literatura y tantos otros útiles con los que nos rodeamos y servimos hoy para nuestra comodidad, seguridad y supervivencia.
– Muy razonablemente también concuerdo con esta definición. Es más, creo que las dos propuestas que has hecho son muy parecidas o su frontera es muy delgada. La única diferencia significativa estriba en nuestro nivel de conciencia de la existencia previa para que le llamemos descubrimiento o invención. Y aclaro, con esto no quiero decir que el avión ya existía antes que fuera inventado, pero si debemos concordar en que el avión es, en esencia, la mecánica del vuelo y que ésta existe incluso desde antes que las aves pudieran volar. Si decimos que hemos inventado el espíritu, también debemos decir que la necesidad que nos ha conducido a esto puede ser también interpretada como una manifestación o indicio de algo que aún no podemos medir objetivamente, debido a que nuestros instrumentos actuales solo sirven para medir materia o energía.
– Desde el punto de vista científico no hay mucho que pueda decir para objetar tu argumento, pero me gustaría ponerlo a prueba en otro terreno. En el campo literario hay toda una rama a la que denominamos ficción y que abarca desde los cuentos de hadas hasta inverosímiles historias de otros mundos. ¿Pudiera decirse que el espíritu es una invención proveniente del campo de la imaginación o de la fantasía?.
– Pues, esta prueba no es tan difícil como parece. La literatura es el reflejo de lo que somos o de lo que podemos ser. En el caso que pudiera parecer más difícil, si revisamos los cuentos de hadas, notaremos el patrón de la lucha entre el bien y el mal, el final feliz o el final triste, así como los personajes correspondiendo con prototipos o estereotipos. En su mayoría son cuentos morales que suelen tener un trasfondo histórico y que, en no pocos casos, incluyen una crítica o una sátira a la sociedad reinante del momento en que fueron escritos. Con esto subrayo el hecho de que la supuesta fantasía de la que se trata este tipo de literatura no está divorciada a priori de la realidad de su tiempo. Incluso en Alicia en el país de las maravillas, la historia está llena de alusiones satíricas, en forma de animales parlantes, de aquellas personas conocidas por el autor. Todo lo dicho hasta ahora puede aplicarse también a la literatura sobre mundos futuros y distantes. La búsqueda es la misma, solo que se incluye la máquina y la tecnología, énfasis en la materia y la energía, como un factor determinante de lo que puede ocurrir si dejamos de ser humanos. Y me pregunto entonces ¿qué nos hace humanos más allá de la materia y la energía?.
– Vaya, creo que nos has conducido a un punto de duda en donde es razonable decir que este asunto del espíritu es, cuando menos, un misterio para el que no podremos aún conseguir una respuesta definitiva que satisfaga a todos. Como científico no puedo decir que hemos descubierto algo porque no tenemos como demostrarlo. Tampoco puedo decir que sea pura invención porque, como tú lo has dicho, nuestra necesidad de inventarle puede ser una manifestación de algo que aún no podemos explicar, al tiempo que tal invención puede ser una parábola o una hipérbole de nuestra realidad. Creo que al menos podremos coincidir en esto. Supongamos una vez más que, en efecto, somos cuerpo, mente y espíritu. ¿Puedes explicarme las razones de tu inquietud? ¿Por qué insistes en este asunto de si solo somos materia y energía?.
– Bueno, la respuesta puede ser más o menos simple. Tengo necesidad de creer que es así. Y tú me conoces, sabes que siempre he sido muy intuitivo. Pero también, por mi formación, tiendo a racionalizar mucho. Cuando me doy una respuesta no puede ser “si porque si” y tampoco “no porque no”. De allí todo este debate contigo. Al menos sobre este tema, luego de esta conversación me sigo diciendo “es posible”. Todo lo demás es un acto de fe.
– Y no crees que todo esto puede provenir de tu emotividad y que, particularmente, en este momento de tu vida eres más sensible a estas cosas.
– Por supuesto que esa es una posibilidad. Quiero decir, es verdad que mi perspectiva emocional es más sensible en este momento. Pero no creo que nuestro ser espiritual sea lo mismo que nuestro ser emocional. Eso nos dejaría siendo solo materia y energía. Particularmente necesito creer que somos más que solo eso.
– Y dices que solo la necesidad te lleva a esto. ¿Necesidad de qué?.
– Te pudiera decir que es la necesidad de trascender y de formar parte de algo mucho más grande. Pero esto ya se explica solamente por el hecho de que la materia y energía que tomamos prestada durante nuestras vidas nos trasciende y forma parte de un balance universal, de una constante cósmica. A esto pudiéramos llamarle vocación trascendental y unificadora de la materia y la energía. Pero es algo más. Siento que es una especie de vocación paralela de ser libre de la materia y la energía que, por pura lógica, no puede provenir de estas. Es lo que me lleva a pensar que hay algo más que materia y energía. Hasta que consiga una mejor explicación le llamo espíritu.
– Entiendo. Pero, ¿Qué valor o uso práctico tendría todo este ejercicio? ¿Qué pretendes lograr si te convences a ti mismo que tu ser se compone de cuerpo, mente y espíritu?.
– Toda esta racionalización me conduciría a procurar conscientemente la armonía de todo el ser, consigo mismo y con algo que es más grande que él. El alimento saludable para el cuerpo proporciona la mejor materia para su construcción y, con esta materia, la energía requerida para su funcionamiento. En cuerpo sano, como dice el dicho, la mente sana. La mente también debe ser alimentada, tanto para el razonamiento libre que te lleva a la convicción, como para la ética que te lleva a ser sensible y solidario. La lectura y práctica de los valores y principios elevados, alimentan al espíritu. Lógicamente no puedes alimentar a un componente de tu ser y a otro no. Ni tampoco dar buen alimento a uno y al otro no. Debes alimentar a todos por igual con el mejor alimento, el más sano. Esta armonía es como religar cosas que han estado dispersas o desatendidas. Es volver a ser uno y todo a la vez.
–Amigo, lo que dices suena muy noble, pero también suena a utopía.
– Ciertamente, Amigo, pero el mismo futuro de nuestra sociedad es ya una distopía. No perdemos nada con intentar salvarnos de este modo.

Y más o menos así terminaron este asunto en la reunión de aquella tarde. Entre amigos no conviene llevar las cosas más lejos de lo que las pueden llevar.

miércoles, 2 de enero de 2008

versos de un romance lunático

Dime por qué la tristeza
si está tan linda la noche;
adornada con tu belleza
y con mil estrellas en su derroche.

Dime por qué el rocío
en tu mirada reposa,
si sabes que es tuyo todo lo mío
en esta noche gozosa.

Dime por qué el tiempo
cuando respiras se estanca,
si esta noche vine a tu encuentro
a regalarte mi serenata.

Dime si algo te hice,
que respuesta solo espero una
y te comprendo cuando me dices:
se me ha perdido la luna.

De Román para Julia

Mi amadísima Julia,

Te extraño mucho. Hoy me desperté soñando contigo. Es como si te hubiese escuchado: “¡Román!, ¡levántate que se hace tarde!”.

Con los ojos abiertos, pero aún dormido, miré hacia la nada. Al principio solo percibí una luz blanca, alba, de color de nieve o leche, como en una poesía romántica y bucólica. Y ante mi se proyectó una película sobre ti. Recordé tu maternidad y las fotos de tu infancia. Asocié todo esto con imágenes sobre lo cristalino, puro, sano, perfecto, pío y sacrosanto. Al rato, cuando se aliviaba la presión del sueño y logré enfocar mis ojos, me encontré sin ti, viendo el techo de nuestra habitación y en él las imperfecciones del friso, las manchas en la pintura y los rincones en donde se está descascarando.

Antes de levantarme imaginé lo que habrías dicho una vez más: “¡Román!, ¡Román!, ¿me escuchas? mira, ya son pasadas las 6. Me voy. Te las arreglas tu solo”.

Pero las cosas no fueron siempre así. ¿Recuerdas cuando te vi por primera vez?, era imposible no verte en esa muchedumbre. Tu cabello estaba arreglado según la moda de entonces, un gran despeinado alborotado y voluminoso. Te recuerdo delgada y la piel de tu rostro muy limpia. Y tus ojos, o más bien tu mirada, un gran océano de café claro, calmo y profundo. Creo que lo que mirabas se transmutaba en piedra, porque yo me quedé en el sitio cuando nos cruzamos en aquella escalera. Cual tonina nadabas en un río de gente bajando para salir y yo luchaba contra esa corriente. Te buscaba sin saberlo.

Luego se sucedieron otros encuentros fugaces, en el pasillo, en el departamento donde hacías tu pasantía, hasta aquel día que fuiste a mi oficina y preguntaste mi nombre. Debo haber respondido mil cosas al mismo tiempo, pero solo recuerdo tu serena sonrisa de Gioconda escuchando mi respuesta. Yo también pedí conocer tu nombre y desde entonces encontré paz cuando estaba contigo. No me tomó mucho tiempo darme cuenta de esto. Al cuarto mes de conocernos te pedí que me aceptaras como tu esposo y al final de ese año ya estábamos casados.
Cuando me aceptaste neutralizaste el fuego con el hielo, la sed con el rocío, el cansancio con el refugio. Solo que en este arreglo yo he ganado más que tu y así como le has dado paz a mi locura, reconozco que yo solo le he dado locura a tu paz. En fin, te lo he dicho tantas veces, lo nuestro es un romance lunático.

Pero te amo tanto que ya presiento el sacrificio necesario para que recuperes toda tu felicidad. Debo liberarte liberándome. Y cuando regreses y no me encuentres, no quiero que sientas ninguna culpa. En este momento yo no la siento. Ya me he librado totalmente de ella. No podemos cambiar lo que está escrito. Lo sabes muy bien porque juntos lo intentamos.

Finalmente te digo que sigas libre tu camino. Ya te llevo ventaja. Para saber que existí en un momento de tu vida, solo te pido que me recuerdes. No con tristeza, pero si con el sentimiento que se contempla esa flor, que te deslumbra hoy aunque sabes que mañana ya no estará.

Tuyo en la eternidad, Román.

Érase una vez una Familia...

“Érase una vez una familia integrada por un padre, una madre, un abuelo (que era el padre del padre) y un niño de ocho años, un muchachito. Sucedía que el abuelo ya tenía mucha edad, por eso le temblaban las manos y se le caía la comida de la boca cuando estaban en la mesa, lo que causaba gran irritación al hijo y a la nuera, siempre diciéndole que tuviera cuidado con lo que hacía, pero el pobre viejo, por más que quisiera, no conseguía contener los temblores, peor aún si le regañaban, el resultado era que siempre manchaba el mantel o el suelo al dejar caer la comida, por no hablar de la servilleta que le ataban al cuello y que era necesario cambiarla tres veces al día, en el desayuno, al almuerzo y a la cena. Estaban las cosas así y sin ninguna expectativa de mejoría cuando el hijo decidió acabar con la desagradable situación. Apareció en casa con un cuenco de madera y le dijo al padre, A partir de ahora comerá aquí, sentado en el patio que es más fácil de limpiar para que su nuera no tenga que estarse preocupando con tantos manteles y tantas servilletas sucias. Y así fue. Desayuno, almuerzo y cena, el viejo sentado en el patio, llevándose la comida a la boca conforme era posible, la mitad se perdía en el camino, una parte de la otra mitad se le caía por la boca abajo, no era mucho lo que se deslizaba por lo que el vulgo llama el canal de la sopa. Al nieto no parecía importarle el feo tratamiento que le estaban dando al abuelo, lo miraba, luego miraba al padre y a la madre, y seguía comiendo como si nada tuviera que ver con el asunto. Hasta que una tarde, al regresar del trabajo, el padre vio al hijo trabajando con una navaja un trozo de madera y creyó que, como era normal y corriente en aquellos lugares, estaría construyendo un juguete con sus propias manos. Al día siguiente, sin embargo, se dio cuenta que no se trataba de un carro, por lo menos no se veía el sitio donde se le pudieran encajar unas ruedas, y entonces preguntó, Que estás haciendo. El niño fingió que no había oído y siguió excavando en la madera con la punta de la navaja, esto pasó en el tiempo que los padres eran menos asustadizos y no corrían a quitar de las manos de los hijos un instrumento de tanta utilidad para la fabricación de juguetes. No me has oído, que estás haciendo con ese palo, volvió a preguntar el padre, y el hijo, sin levantar la vista de la operación, respondió, Estoy haciendo una cuenco para cuando seas viejo y te tiemblen las manos, para cuando tengas que comer en el patio, como el abuelo.”

Lo que haces hoy a tus padres, mañana tus hijos pueden hacértelo a ti. Hoy tu lo haces, tal vez imitando lo que ellos pudieron haber hecho en otra época. Es el momento de romper esta vergonzosa cadena. La sabiduría de este mensaje ahora está en tus manos. No trates de cambiar a las personas, acéptalas como son y bríndales tu comprensión. El cuarto mandamiento dice “Honrarás a tu Padre y a tu Madre”.

“Y lo dicho por el hijo al padre, fueron palabras santas. Se cayeron las escamas de los ojos del padre, vio la verdad y la luz, y en el mismo instante fue a pedirle perdón al progenitor y cuando llegó la hora de la cena con sus propias manos lo ayudo a sentarse en la silla, con sus propias manos le acercó la cuchara a la boca, con sus propias manos le limpio suavemente la barbilla, porque todavía podía hacerlo y su querido padre ya no.”

Hoy, ahora, es el momento de hacer lo que mañana lloraremos no haber hecho, cuando ya no se pueda hacer nada, porque la muerte no espera. La soberbia, primer pecado capital, se combate con humildad. El que da el primer paso se hace grande ante los ojos de nuestro Señor. Que Él te ilumine y te de la fuerza para avanzar. Mi mano siempre está dispuesta para apoyarte.

(Nota: todo el texto entre comillas es una fábula extractada del libro Las intermitencias de la muerte, escrito por José Saramago. Las reflexiones en negrillas son mi regalo para ti)