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lunes, 23 de febrero de 2009

La Perfección de Dios...

Con esta historia, que puede ser fábula, se ilustra en qué puede consistir la Perfección de Dios, la misma que Él quiere que nosotros alcancemos.


sábado, 21 de febrero de 2009

¿Afuera y Juzgándonos?...



Estimado Sr Arreaza,

Hoy leí su artículo en el que nos relata parte de su experiencia recientemente vivida en la India (Diario El Universal, 21/02/2009; "Infeliz, libera tu mente").

Me sorprendió ver que viniendo cargado positivamente de su experiencia, la emprende usted desde el primer párrafo en una descarga más o menos velada hacia las religiones que denominamos Abrahámicas. Quiero compartir con usted algunos elementos de información y salir en defensa de mi Dios, de mi Fe, de mi Religión y de mi Iglesia.

En su escrito usted nos dice "Esto lo atribuyo a que su religión, el hinduismo, enseña conceptos positivos". Ciertamente todas las religiones conocidas, y vivas actualmente, enseñan conceptos positivos. De hecho, la palabra religión significa religar, que es volver a unir. Mal pudiera una práctica que se precie de religiosa promocionar la división y desunión, o cualquier enseñanza que conduzca al conflicto. Si lo hace no es religión, es otra cosa.

También dice usted: "en especial que Dios está dentro de nosotros y en todas partes". La doctrina católica nos enseña que Dios es Amor y que lo ha derramado en nuestros corazones por el espíritu santo que nos ha sido dado (cf CIC 733). De hecho, ninguno de nosotros reconoce a Jesucristo como Señor si no es por el influjo del espíritu santo, porque Dios ha enviado a nuestros corazones el espíritu de su hijo que clama ¡Abba Padre! (cf CIC 683). Con base en esto (un par de citas entre muchas otras), podemos decir que Dios (que es Padre y es Hijo y es Espíritu Santo, tres y uno), habita dentro de cada uno de nosotros y está en todas partes. Adicionalmente, Jesucristo que es la encarnación de la palabra de Dios (cf Jn 1, 1-3. 14), luego se hace Eucaristía (cf Jn 6, 35; Mt 26, 26-28) para permanecer con nosotros (en todos los Sagrarios del Mundo) hasta el final de los tiempos (cf Mt 28, 20b).

Hace usted una puntualización sobre Dios y dice: "(y no fuera de nosotros juzgándonos)". Ya vimos que no está fuera de nosotros (no lo inventamos, nos lo dijo Jesucristo [cf Hch 1, 8]). Debo decir que la doctrina católica nos habla de juicio, pero este no ocurre en presente continuo si no en futuro. Primero como juicio individual, cuando a cada quien se le vaya terminando su temporada por acá. Luego como juicio total, al final de los tiempos. Y este es el tema que suele ser más álgido en la argumentación del no creyente. Les cuesta aceptar que hay que rendir cuentas por el uso que hacemos de nuestra libertad. Ciertamente, porque somos imagen y semejanza de Dios, somos libres y tenemos un alma que nos hace conscientes. Libres para hacer el bien y conscientes para saberlo. Cuando usamos nuestra libertad para hacer mal, a nosotros mismos, a otros, al ambiente, dejamos de ser libres y nos convertimos en libertinos. Y cada quien sabe muy bien cuando hace algo malo, por lo que nosotros mismos somos nuestros jueces en presente continuo. Ciertamente Dios nos ha dado primero la Ley Natural, luego los 10 mandamientos y finalmente los ha agrupado en dos máximas de amor. Si se fija cuidadosamente lo que hacen estos mandamientos es advertirnos de las cosas malas que nos hacen daño. Es lo mismo que hace cualquier padre amoroso cuando ve que su hijo puede hacer algo que le causará algún daño o incluso la muerte. "Hijo no hagas eso". Imagine si nuestras consciencias no tuvieran esta frontera, cuanto peor sería el mundo en que habitamos. Y le doy otro dato, nos cuesta rendir cuentas porque creemos que somos dueños. Pero no, solo somos administradores. Nada es nuestro, todo es de Él. La idea es que le regresemos todo mejor que cuando lo recibimos y recibiremos una buena evaluación.

Seguidamente usted dice: "y que mediante prácticas diarias podemos estar en directo y positivo contacto con esa Divina Energía;". La Fe católica la vivimos en 5 dimensiones que, más que diarias, son continuas. Permanentemente evangelizamos "a tiempo y destiempo". Oramos en todo momento, al levantarnos, en cada comida, al iniciar cada trabajo, al saludar, al salir de un lugar y al llegar a otro, y antes de dormir. Varias veces al día podemos celebrar la misa para adorar a Dios y recordar/revivir sus más grandes misterios. Allí en el templo podemos simplemente contemplar el Santísimo Sacramento que es Jesucristo en cuerpo, sangre, alma y divinidad. Más aún, podemos comulgar (si estamos preparados) y recibirlo para hacernos nosotros parte de Él por un momento. Qué mayor contacto con la Divinidad. Muchos responden con más fuerza al llamado que nos hace para servir a los demás y se convierten en apóstoles. Otros ayudan a construir comunidad y paz. Todo esto muy positivo.

Afirma usted que "luego, que no se sienten, ni consideran a los demás, ni pecadores ni malos, porque el pecado no existe, sólo cometemos errores que podemos corregir y aprender a evitar". Aquí es bueno aclarar lo que significa pecado. Viene del latín peccātum, y significa transgresión. Es la acción voluntaria de ir en contra de un precepto tenido por bueno (wiki, drae). Por otra parte error es toda acción desacertada o equivocada. Fíjese que el concepto de pecado no juzga, solo califica; mientras que el concepto de error, por si mismo, juzga. Todo el asunto de este argumento, parece subrayar la afirmación anterior sobre sentirse juzgado. El pecado existe porque voluntariamente la gente opta por hacer algo que no es bueno si no malo. No es posible descargar esta responsabilidad, independientemente que queramos llamarla pecado o error. Ciertamente no me corresponde a mí, como hombre, juzgar los pecados de ningún otro, porque yo mismo, al igual que todos, soy pecador. El pecado no desaparece porque yo diga que no existe, si no porque lo reconozco y me arrepiento y busco reconciliarme con Dios. Cuando procuro mantenerme cerca de Dios, entonces gano en fuerzas para evitar y alejarme del pecado.

Señala usted lo siguiente "víctimas de conceptos religiosos fantasiosos y negativos (...) que los separan de su Espíritu y de los demás, que los mantienen fuera de la realidad creando desarmonía". Solo puedo decirle que Dios es quien busca al hombre y es Él quien nos ama. No al revés. Esto lo sabemos porque hace unos 2000 años habitó entre nosotros y nos explicó toda la Verdad revelada desde la primera manifestación a Abrahám. Nos mostró el Camino para alcanzar la Vida. Es ofensivo e intolerante que usted se refiera a esto como fantasioso y negativo. Aquel que obra en nombre de Dios no puede hablar mal de Él, porque no estaría con Él si no contra Él (cf Mc 9, 38-40).

Finalmente, cercana ya la semana santa, recordemos cuando Pilato interrogaba a Jesús en el pretorio. Ante la afirmación de Jesús de "para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la Verdad. Todo el que es de la Verdad, escucha mi voz", Pilato simplemente replicó "¿Qué es la Verdad?". Solo puedo concluir diciendo que nadie puede convencer de la Verdad a quien no quiere escucharla.

Que Dios le bendiga con su Gracia.

Por y para Jesucristo, Lorenzo D. Sanjuán

viernes, 6 de febrero de 2009

Ven, mi amado Señor

Lecha Dodi (se pronuncia "Leja Dodi") es cantado por el pueblo Judío en el servicio de vísperas para recibir el día del descanso, el Sábado, que para nosotros los católicos es el día de María, nuestra Reina. Lo publico como una pequeña muestra de lo que nos une a Judíos y Católicos, en el Plan de Salvación que Dios ha diseñado para todos.

"Ven, mi amado Señor.
Déjanos recibir tu Descanso, que es la Reina de nuestros días.

Ven, deja que todos recibamos tu Descanso, nuestra Reina sublime,
Fuente de bendiciones en cualquier clima.
Elegida por ti desde el principio,
en tus pensamientos ella precede los seis días de la Creación.

Ven, mi amado Señor.
Déjanos recibir tu Descanso, que es la Reina de nuestros días.

Levántense y sacúdanse el polvo de la tierra.
Vístanse de trajes gloriosos que reflejen su valía.
Su Hijo Amado pronto nos llamará a todos a renacer.
Mi alma ya siente los cálidos rayos de su justicia.

Ven, mi amado Señor.
Déjanos recibir tu Descanso, que es la Reina de nuestros días.

Despiertos y levantados para recibir su nueva luz
Porque en su fulgor el mundo será brillante.
Cantaremos con fuerza, porque la oscuridad se habrá desvanecido.
Por tu intercesión el Señor nos muestra su Gloria.

Ven, mi amado Señor.
Déjanos recibir tu Descanso, que es la Reina de nuestros días.

Y entonces tus enemigos serán ellos mismos destruidos;
Los saqueadores, muy lejos, vivirán en la nada.
Y entonces Dios te celebrará a ti, su descanso, desbordante de alegría,
Como el novio con su novia cuando sus ojos buscan su mirada.

Ven, mi amado Señor.
Déjanos recibir tu Descanso, que es la Reina de nuestros días.

Pónganse todos de pie y de cara a la entrada en un saludo simbólico
a la Novia, descanso de nuestro Señor.

Ven en paz, alma gemela, dulcísimo regalo del Señor,
Saludada con alegría y en nuestras canciones también amada
En medio del pueblo de Dios, fiel y entregada.
Ven, descanso del Señor; ven, corona de los días.

Ven, mi amado Señor.
Déjanos recibir tu Descanso, que es la Reina de nuestros días."