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sábado, 23 de agosto de 2008

Oración a Dios Padre

Pido licencia a Nuestro Señor Jesucristo, para compartir estas reflexiones sobre la oración que El nos enseñó, para rezar al Padre:

Padre…

Gracias a tu Hijo también eres nuestro. Colectivamente. Simultáneamente. A ti debemos procurar llegar todos, o no llegaremos. Tu plan es que aprendamos a ser Uno, así como era antes del principio y será nuevamente después del final.

Celestial…

Miramos a las alturas cuando pensamos en ti. Miramos allí también para encontrar tu paz. A ese lugar por encima de todo. Por encima de nosotros. Como en una atalaya, desde donde puedes verlo todo. Como buen Pastor, desde allí nos ves y nos escuchas a todos.

Santificado…

Eres eterno. Eres único. Eres el que eres. Porque eres Dios no necesitas nombre. Eres la fuente y el origen de todo. Creador. Todo proviene de ti. Te debemos el Ser. Te debemos todo. Por pura justicia a esto mereces nuestro amor y gratitud. Mereces ser el primero en nuestros corazones y mentes.

Ven…

Tu Reino. Que sean nuestros corazones y mentes, ese lugar de todas las cosas y personas sujetas a ti, que eres el Rey verdadero. Contemplemos y sigamos el ejemplo de la máxima y más perfecta manifestación de tu Reino entre los hombres. Tu Hijo. Somos parte de su cuerpo místico, que es uno, santo, universal y fundado en los santos apóstoles.

Realízanos…

Te decimos Señor, hágase en nosotros tu voluntad. Permítenos ser, mejor que tus súbditos, tus siervos y tus instrumentos, para contribuir en la realización plena de tu plan, que tienes preparado para nosotros acá en la tierra.

Aliméntanos…

Te damos gracias por el pan que recibimos para el cuerpo y para la mente. Te agradecemos mucho más por el pan de vida. Pan para el espíritu que recibimos a través de la oración diaria. Conformes estamos en recibir solo nuestra ración de hoy. En ti confiamos para recibir lo que nos corresponda cada día.

Perdónanos…

Somos infieles contigo. Somos pecadores. Somos humanos. Te fallamos. Te faltamos. Avanzamos muy poco, porque a cada instante nos caemos. Ayúdanos a levantarnos y hacernos conscientes de que solo podemos pedirte lo mismo que podemos dar. Ayúdanos a perdonar. Ayúdanos a ser perdonados.

Sujétanos…

Aparta de nosotros todo lo que nos aleja de ti. Sálvanos de esta idolatría en la que nos perdemos.

Líbranos…

Apártanos del mal camino. Aléjanos del maligno. Concédenos morir en tu gracia.

Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

(NOTA: muchas de las reflexiones aquí condensadas están contenidas en el Catecismo [CIC 2759; 2854] y en el libro de S.S. Benedicto XVI, Jesús de Nazaret [capítulo 5, La oración del Señor]).