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miércoles, 14 de marzo de 2007

Augusto en el Paraíso

Augusto es un niño, tan pequeño que cabe en el corazón de mucha gente. Si es válido afirmar que todos tenemos un talento, entonces el talento de Augusto es caer simpático y llevarse bien con todo el mundo. Es fácil saber por donde ha pasado si me presento diciendo su nombre.

Augusto es un viajero. Siempre está afuera, en otra parte, en su mundo. Nunca se queda en un lugar. Cuando llega a ti o está contigo, inmediatamente está curioseando otro lugar y otra persona en donde quiere y con quien quiere estar. Y si tratas de retenerlo, busca la manera de volar con su imaginación y su música. Es un ave peregrina. Para compartir su felicidad debes dejarlo libre.

Augusto es un hombre. Quiere ser grande. Es grande. Ya tiene edad para serlo y la curiosidad explota en su mirada y en sus ansiedades. Tiene un trabajo, como aprendiz de algo, aún cuando es maestro de los sueños y nos ilustra a todos. E imagino que su alma se debate entre ser el niño y ser el hombre, aunque tengo la certeza que será un niño para siempre.

Augusto es un ángel, que vino a nosotros aunque su mente aún está en el paraíso. Solo de este modo puedo explicar toda esa felicidad que destila e impregna su camino y nos hace reflexionar sobre las cosas que son realmente importantes.

Augusto es mi hijo. Dios me bendijo, porque con él primero me hice padre y luego he aprendido a ser humano.

sábado, 10 de marzo de 2007

Tres elementos para una vía, como quiera que se llame

I

Caminas por una calle y, dependiendo de cómo estás vestido, eres bienvenido o no. Fuera!, Vete ya!, o No volverán!, No volverán!. Es intolerancia al extremo, polarización, cocinada al fuego lento de la satanización de las ideas.

Capitalismo o Socialismo: ¿qué tanto sabes de esto?, ¿cómo percibes estás ideas?, ¿vas a tomar partido o vas a entender realmente de que se trata?.

II

Los –ismos se vuelven dogmas y allí radica su peligro, pues plantean un camino para los fanáticos. Veamos, capitalismo y socialismo, antes de su dogmatización, son simplemente capital y social.

III

En términos muy simples, capital es el valor en el presente que también tiene valor en el futuro. No se trata solo de dinero. También lo son el conocimiento, las herramientas, el hogar y las relaciones. Visto de este modo, con el capital pasamos de vivir del día-a-día a vivir bien. Sin capital no se puede estar bien. Es fundacional para el bien-estar.

Pero el énfasis en el capital nos conduce a pensar que es lo único importante para estar bien. Su distorsión se vuelve enfermedad: el egoísmo. Los siete pecados capitales (soberbia, gula, avaricia, lujuria, pereza, envidia e ira), tienen mucho que ver con esta enfermedad.

IV

Por naturaleza todas las criaturas de Dios somos gregarias, somos interdependientes. Esto nos hace sociales. Trabajamos juntos y cooperamos para cumplir las finalidades de la vida. Formamos parte de una cadena en la que, si un eslabón es débil y se rompe, la cadena completa se destruye.

Si un eslabón es muy débil no me salvaré yo por ser un eslabón muy fuerte. Nadie puede creer que es exitoso si está rodeado de fracaso. Este es el principio ético que debería conducirnos a ser socialmente responsables y solidarios.

Pero la ausencia de ética se convierte en terreno abonado para el surgimiento del mesianismo y del arquetipo de Robin-Hood o del Hermano-Mayor, que por la fuerza nos hará éticos y, en lugar de sociales, socialistas; aparejando un sistema en el que depositamos a plazo fijo algunas de nuestras libertades que, por muy pequeñas que parezcan, ya suponen “demasiado sacrificio por la aparente comodidad de dejar a otro el trabajo de salvarte a ti mismo”.

V

Si no buscamos entendernos llegará el día en el que los menos afortunados, los que sobrevivan, deambularán por tierra de lunáticos. En cualquier esquina tropezarás con alguno que mirando al cielo buscará distinguir en el vacío un cuerpo que hace algún tiempo ya nadie ve. Su lamento recordará una vieja súplica:

Argénteo rostro, de grises pecas,
con los cocuyos sueles bailar,
parece que estas lejos, estando cerca,
mujer serena, redonda faz.

Sin cabellos ni sonrisa,
entre las bellas sin igual,
eterna eres y no como otras
que simplemente vienen y van.

Selene antigua, de historia vieja,
que el nuevo paso en tu polvo llevas,
ven enseguida y salva a tu tierra
que esta perdida y al instante yerra.

VI

Busquemos una vía. Si combinamos bien-estar y ética obtenemos una molécula que todos entendemos y podemos digerir. Solo falta agregar un factor que la transforme en una máquina virtuosa. Se trata de la participación. Algo que afortunadamente hemos venido aprendiendo en los últimos años, aunque aún nos falta recorrer mucho camino.

La participación es el elemento que le proporciona moralidad a la vía. Para construir el valor que nos proporciona bienestar debemos participar. Solo se es responsable y solidario si se participa activamente.

Bien-estar, ética y participación, parecen ser los ingredientes para una vía de consenso, sin importar como se llame.